Algunas cosas que he probado para los sofocos… y que a mí me han ayudado

Actualizado: 9 may

Una de las cosas que más me sorprendió cuando empecé a notar los primeros síntomas de la perimenopausia fueron los sofocos.
No esperaba esa sensación repentina de calor que aparece de golpe, a veces en mitad de una reunión, otras en plena noche, despertándome empapada y quitándome las sábanas en pleno invierno. Recuerdo incluso abrir la ventana de la habitación mientras mi pareja dormía tapada hasta arriba y pensar: “¿cómo puede tener frío ahora mismo?”.
Al principio pensé que sería algo puntual, estrés quizás. Pero empecé a darme cuenta de que aquello empezaba a repetirse demasiado como para ignorarlo.
También empecé a salir de casa vestida por capas “por si acaso”. Y a localizar automáticamente dónde había aire acondicionado o una ventana cerca. Son pequeñas cosas que antes ni pensaba y que ahora forman parte de mi día a día más de lo que me gustaría reconocer.
Con el tiempo he ido probando pequeñas cosas para sentirme mejor. No porque exista una solución mágica —ojalá— sino porque necesitaba encontrar maneras de convivir mejor con estos cambios.
Y quería compartir algunas de las cosas que, personalmente, sí he notado que me ayudan.
Caminar más
Parece algo simple, pero salir a caminar cada día me ha ayudado muchísimo. Sobre todo esas caminatas a paso ligero cuando siento el cuerpo más acelerado o esa sensación rara de calor interno que parece aparecer de la nada.
No lo hago pensando en “hacer ejercicio perfecto”, sino más bien en moverme, despejarme y sentir que mi cuerpo respira mejor.
Además, he notado que los días que camino más, descanso mejor por la noche. Y en esta etapa, dormir bien empieza a sentirse casi como un lujo.
Yoga y estiramientos suaves
Nunca pensé que algo tan pausado pudiera ayudarme tanto.
Empecé haciendo algunos vídeos cortos en casa, muchas veces después de noches malas en las que me despertaba varias veces o me costaba volver a dormirme.
Y aunque no desaparecen los sofocos, sí siento que mi cuerpo está menos tenso y que gestiono mejor el estrés, que en mi caso parece empeorar bastante los síntomas.
También me ayuda mucho con esa sensación extraña de sentirme “desconectada” de mi propio cuerpo algunos días.
Ejercicios de fuerza
Esto ha sido un descubrimiento más reciente.
Incorporar ejercicios sencillos con peso o bandas elásticas me hace sentir más fuerte y con más energía. No hablo de entrenamientos intensos, sino de cuidar la musculatura y sentir que sigo fortaleciendo mi cuerpo en esta etapa.
Y sinceramente, también ayuda emocionalmente.
Hay algo importante en sentir que tu cuerpo sigue siendo fuerte, incluso cuando está cambiando.
Bailar (aunque sea en casa)
Hay días en los que lo último que me apetece es hacer ejercicio. Días en los que estoy cansada, irritable o simplemente incómoda en mi propia piel.
Pero poner música y moverme un rato en casa cambia completamente mi estado de ánimo.
A veces son diez minutos en la cocina mientras preparo la cena. O bailar sola en el salón como hacía hace años sin pensar demasiado.
Y aunque parezca una tontería, me devuelve un poco de ligereza en días en los que todo se siente más intenso.
Lo que más estoy aprendiendo
Quizás lo más importante que estoy aprendiendo es a escuchar más mi cuerpo y dejar de exigirme tanto.Hay días mejores y días peores...
Días en los que siento que vuelvo a reconocerme y otros en los que me pregunto cuándo empezó a cambiar todo tan rápido.
Y aunque sigo buscando información y entendiendo esta etapa poco a poco, compartir experiencias reales con otras mujeres me está ayudando muchísimo a sentir que no estoy sola en esto.
Por eso quería abrir también esta conversación aquí.
Si tú también has probado cosas que te ayudan con los sofocos o con otros síntomas de la perimenopausia, me encantará leerte en comentarios.
Muchas veces descubrimos más compartiendo experiencias reales entre nosotras que sintiéndonos obligadas a tener todas las respuestas.



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