Lo que he cambiado en mi alimentación desde la perimenopausia (y lo que he notado en mí)

Actualizado: 9 may

Nunca pensé que la alimentación iba a convertirse en algo tan presente en mi vida.
No porque antes no me importara, sino porque de repente empecé a notar cambios en mi cuerpo que no sabía muy bien cómo interpretar. Más sofocos en algunos momentos, noches más complicadas, una sensación de estar más “reactiva” físicamente de lo habitual.
Y poco a poco empecé a observar algo: ciertos días, según lo que comía, parecía que todo se intensificaba más.
No fue un cambio radical de un día para otro. Fue más bien una suma de pequeñas decisiones que fui ajustando porque necesitaba sentirme mejor.
Empecé a escuchar más cómo me sentía después de comer
Algo tan simple como eso.
Antes comía sin pensarlo demasiado. Ahora, sin obsesionarme, empecé a fijarme en cómo me sentía después de ciertas comidas.
Por ejemplo, hay días en los que comidas más pesadas me dejan con una sensación de calor más intensa después. Y otros en los que comidas más ligeras me hacen sentir más estable.
No es una regla fija, pero sí algo que he empezado a observar en mí.
He incluido más alimentos “reales”, sin tanta planificación
Sin convertirme en alguien rígida con la comida, he intentado volver a algo más sencillo.
Más verduras en el día a día.Más fruta.Más comidas caseras cuando puedo.
No por una norma, sino porque noto que mi cuerpo lo agradece.
Hay algo curioso en esta etapa: el cuerpo empieza a “hablar” más claro. Y al menos en mi caso, he empezado a escucharlo un poco más.
He reducido algunos alimentos que notaba que me agitaban más
Esto ha sido muy personal.
No es que haya eliminado cosas de forma estricta, pero sí he reducido algunos alimentos que sentía que me dejaban más incómoda después, especialmente en días de sofocos más intensos o de sueño peor.
No lo hago desde la restricción, sino desde la observación.
He dado más importancia a la hidratación de lo que hacía antes
Esto me ha sorprendido.
Beber agua parece algo básico, pero en esta etapa he notado que cuando estoy más hidratada, me siento un poco más estable físicamente.
Y en días de sofocos, incluso pequeñas cosas como eso parecen influir más de lo que imaginaba.
A partir de aquí empecé a buscar información (y me encontré con muchas de estas ideas)
Después de empezar a hacer estos cambios, me di cuenta de que no era la única observando este tipo de cosas.
Empecé a buscar información sobre alimentación en la perimenopausia y la menopausia, no desde la teoría, sino desde la curiosidad de entender mejor lo que me estaba pasando.
Y me encontré con varias recomendaciones que, de alguna manera, ya había empezado a incorporar sin darme cuenta:
Calcio, para cuidar la salud ósea, sobre todo en esta etapa en la que cambia tanto el cuerpo.
Vitamina D, tanto a través del sol como de alimentos, por su relación con el bienestar general.
Alimentos ricos en hierro, porque en esta etapa también se habla mucho del riesgo de anemia en algunas mujeres.
Fitoestrógenos, presentes en alimentos como la soja o el lino, de los que empecé a leer bastante.
Ácidos grasos omega-3, que muchas veces se relacionan con la salud cardiovascular y el bienestar general.
No lo viví como una “lista de cosas que hay que hacer”, sino más bien como información que iba encajando con lo que ya estaba notando en mi propio cuerpo.
Lo que más me ha cambiado no es la dieta… es la relación con mi cuerpo
Si tengo que resumirlo, no es que haya hecho una “dieta de la menopausia”.
Es más bien que he empezado a relacionarme de otra forma con mi cuerpo.
Más escucha.Menos automatismo.Más pruebas pequeñas.Menos exigencia.
Y en ese proceso he entendido algo importante: no hay una única forma correcta de comer en esta etapa, pero sí hay espacio para ir descubriendo qué te sienta mejor a ti.
Me encantaría saber tu experiencia
Si tú también estás en esta etapa, ¿has cambiado algo en tu alimentación?
¿Has notado cosas que te ayudan o que te sientan mejor en días de sofocos, cansancio o sueño irregular?
Me encantaría leerte en comentarios y seguir construyendo este espacio desde experiencias reales, no desde reglas cerradas.
Porque muchas veces, lo que más nos ayuda… es saber que no estamos pasando por esto solas.



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